Ha pasado demasiado tiempo desde que conté lo que me pasaba. Oliver ha pasado de ser un simple amigo con derecho a roce al amor de mi vida. He pensado mucho en lo que esperaba de mi vida, como una simple carcajada. Me refiero a que nunca he vivido de manera esperada para mí. Siempre ha sido un puzle lleno de preguntas borrosas y confusas sobre lo que es el amor y la pasión, como películas del Oeste o las de comedia románticas. Espero que esto no se convierta en un simple rollo de verano, o de invierno, o de cualquier estación del año, sino que de verdad sea algo especial.
Algo que me desvele por completo como persona, que me desviva de todo lo que haya vivido anteriormente, y la locura que desato es un huracán de energía que viene hacia la Tierra como nunca lo habían hecho. Por eso tengo miedo, tengo miedo de que esto se acabe, de que haya peligro en el ambiente, que no me salve de la vida sin pasión ni amor, que tener preocupaciones solo relacionadas con el trabajo y de poder viajar cuanto me apetezca, pero sin un hombro al lado mío, con el que llorar o reír, compartir momentos o compartir crisis, pero yo lo único que sé que la vida es muy corta para poder tener preocupación encima y eso, dura mucho para poder contarlo.
viernes, 30 de julio de 2010
martes, 20 de julio de 2010
Día 6.
Quiero volver a verle. Sé que hice mal y que no me lo perdonaré nunca. No esperé 5 minutos a que viniese, me fui, sin más, como una egoísta desconfiada. Espero que me perdone, abandonando la esperanza de que lo haga. He hablado con él hasta el punto de que me ha dicho que pide perdón él por la tardanza y así ha concluido la discusión.
Hemos quedado como siempre en el puente, y me ha saludado con un guiño y por primera y espero que no última vez, un beso apasionado. Nuestra relación en sí es extraña, es perfecta y a la vez equivocada, es un amor difícil, una pasión descontrolada los jueves que me llevaba al puerto, y cómo no, fotografías para no olvidar impregnaban nuestros cuadros, realizados incluso a mano, gracias a las conchas y almejas de Oliver, de su querida playa y modo de vida al mismo tiempo.
He opinado siempre que cada pareja es como cada individuo quiere, es decir, las mismas características que definen a cada persona, forman una relación, extraña o peculiar, bonita o triste, llena de altibajos o perfecta, aunque la última se encuentra en peligro de extinción. Por eso, nuestro dúo es nuestro. Sólo nosotros es nuestra definición de la pasión que surge cada mañana y cada noche, y cada minuto me muestra distintos tipos de caricias, besos y abrazos sin fin, paseos bajo la luna, y clases divertidas de surf bajo las grandes olas peligrosas, pero al fin y al cabo, especiales para cualquier evento.
Mamá me ha llamado cinco veces hoy y me ha dicho que me echa de menos. Nunca quiero volver a casa y quedarme una segunda vez. No soy una persona que recae en el olvido o en la adicción del tiempo, de las personas, de su manera de ser y comportarse. Así, no he deseado regresar a mi hogar porque sé que de algún momento renacerá el volar de allí, como ya he hecho demasiadas veces. Pienso que un pájaro vuela cuando tiene la necesidad de volar, o cuando se siente presionado por el ambiente que le rodea, cuando tiene un hábitat difícil pero importante, o cuando ya tiene las alas bien hechas por fin. Alzar el vuelo es impresionante, es como volver a ser la persona que dice haber renacido tantas veces, es cambiar de personaje en un cuento de ciencia ficción o de una película de vaqueros, pero cuando de verdad tienes esa sensación o ese sentimiento decaído de retornar, no te dan ganas de nada. Solamente de observar mi vida en imágenes, en recuerdos caídos, en fin... que no quiero seguir de igual manera. Simplemente soy yo, quiero ser yo en todo caso. Oliver me ha mantenido a flote, mi barco se ha hundido demasiadas veces, depresiones y bajas han firmado mi expediente académico y laboral, pero él ha puesto el ancla en su sitio y me ha llevado a la superficie, a tierra firme, me ha devuelto a la vida como yo la conocía, viva y sonriente, cargada de emociones y risas, de alegría, felicidad.
Reconciliación. Palabra de 14 letras que me ha llevado a gritar a los 4 vientos: ¡HE NACIDO DE NUEVO!
Hemos quedado como siempre en el puente, y me ha saludado con un guiño y por primera y espero que no última vez, un beso apasionado. Nuestra relación en sí es extraña, es perfecta y a la vez equivocada, es un amor difícil, una pasión descontrolada los jueves que me llevaba al puerto, y cómo no, fotografías para no olvidar impregnaban nuestros cuadros, realizados incluso a mano, gracias a las conchas y almejas de Oliver, de su querida playa y modo de vida al mismo tiempo.
He opinado siempre que cada pareja es como cada individuo quiere, es decir, las mismas características que definen a cada persona, forman una relación, extraña o peculiar, bonita o triste, llena de altibajos o perfecta, aunque la última se encuentra en peligro de extinción. Por eso, nuestro dúo es nuestro. Sólo nosotros es nuestra definición de la pasión que surge cada mañana y cada noche, y cada minuto me muestra distintos tipos de caricias, besos y abrazos sin fin, paseos bajo la luna, y clases divertidas de surf bajo las grandes olas peligrosas, pero al fin y al cabo, especiales para cualquier evento.
Mamá me ha llamado cinco veces hoy y me ha dicho que me echa de menos. Nunca quiero volver a casa y quedarme una segunda vez. No soy una persona que recae en el olvido o en la adicción del tiempo, de las personas, de su manera de ser y comportarse. Así, no he deseado regresar a mi hogar porque sé que de algún momento renacerá el volar de allí, como ya he hecho demasiadas veces. Pienso que un pájaro vuela cuando tiene la necesidad de volar, o cuando se siente presionado por el ambiente que le rodea, cuando tiene un hábitat difícil pero importante, o cuando ya tiene las alas bien hechas por fin. Alzar el vuelo es impresionante, es como volver a ser la persona que dice haber renacido tantas veces, es cambiar de personaje en un cuento de ciencia ficción o de una película de vaqueros, pero cuando de verdad tienes esa sensación o ese sentimiento decaído de retornar, no te dan ganas de nada. Solamente de observar mi vida en imágenes, en recuerdos caídos, en fin... que no quiero seguir de igual manera. Simplemente soy yo, quiero ser yo en todo caso. Oliver me ha mantenido a flote, mi barco se ha hundido demasiadas veces, depresiones y bajas han firmado mi expediente académico y laboral, pero él ha puesto el ancla en su sitio y me ha llevado a la superficie, a tierra firme, me ha devuelto a la vida como yo la conocía, viva y sonriente, cargada de emociones y risas, de alegría, felicidad.
Reconciliación. Palabra de 14 letras que me ha llevado a gritar a los 4 vientos: ¡HE NACIDO DE NUEVO!
Día 5.
He descubierto que mi nuevo conocido-amor de mi vida se llama Oliver, y que según él conmigo ha encontrado a alguien que le colme todas sus penas. Gracias a estas dichosas palabras he realizado una investigación sobre mi amor por él y como siempre, los típicos pros y contras sobre el chico en cuestión. El lunes por la mañana, al salir del puñetero y gran trabajo que tuve ese día, me dirigí al punto de encuentro aclamado por los amantes y enamorados del país, es decir, el puente de Brooklyn. Esperando 15 minutos, no veía aparecer a Oli, que es como yo lo llamaba y decidí abandonar aquel lugar. Nunca me podía haber imaginado que el chico que iba a ocupar mi vida por completo me dejara en aquel instante, donde nuestras vidas llenaban de dolor las precisas tardes de recuerdos inimaginables. Llegando a casa, pude reconocer que no había esperado lo suficiente, no le había dado una mínima oportunidad de desaliento ni de rapidez, ni de ser impuntual, al menos una vez en la vida de enamorados.
O, me había enseñado sus más bellísimas historias, como las noches en la playa con su tabla y sus ganas de surcar los más peligrosos mares y soñar con un futuro repleto de navegación y crecer como marinero avanzado en este mismo sector. Otra historia que debo destacar fue la de que yo era la primera mujer (este concepto no significa demasiado para mí), que le hacía feliz, que le hacía completo sin serlo al fin y al cabo porque nadie es perfecto y él mismo aceptaba que no lo era, sin embargo, conmigo alcanzaba los límites de la perfección y felicidad, creía el estar conmigo una manera de afrontar sus características y defectos, y de ser él mismo ya que nunca había probado serlo, imaginando su destino un fracaso inevitable.
Escuchar las historias de tu amor verdadero, un real príncipe azul imperfecto y completo, es la mejor experiencia dentro de tu propia vida, y disfrutar de sus hazañas y poder vivir otras junto a él, te hace dichoso, tremendamente feliz y creíblemente increíble.
O, me había enseñado sus más bellísimas historias, como las noches en la playa con su tabla y sus ganas de surcar los más peligrosos mares y soñar con un futuro repleto de navegación y crecer como marinero avanzado en este mismo sector. Otra historia que debo destacar fue la de que yo era la primera mujer (este concepto no significa demasiado para mí), que le hacía feliz, que le hacía completo sin serlo al fin y al cabo porque nadie es perfecto y él mismo aceptaba que no lo era, sin embargo, conmigo alcanzaba los límites de la perfección y felicidad, creía el estar conmigo una manera de afrontar sus características y defectos, y de ser él mismo ya que nunca había probado serlo, imaginando su destino un fracaso inevitable.
Escuchar las historias de tu amor verdadero, un real príncipe azul imperfecto y completo, es la mejor experiencia dentro de tu propia vida, y disfrutar de sus hazañas y poder vivir otras junto a él, te hace dichoso, tremendamente feliz y creíblemente increíble.
lunes, 19 de julio de 2010
Día 4.
Pobre de la ironía.
Hoy me he encontrado con la novia de mi ex-novio. ¿Tú qué harías? Claro que existen diversas posibilidades... puedes matar a la novia, y deshacerte de las pruebas, puedes probar a olvidarte de que existe y ni saludarla... pero mi caso es especial. Incluso YO me hago amiga de ella y solo con una mínima conversación a las diez de la mañana enfrente del Starbucks más cotizado de Manhattan. Y me hago con aires de chica buena, de la que va con intenciones malas en el fondo, y respondo con un hola al "buenos días, señorita" que me dice atentamente. Nada de lo que me suelta me suena familiar, ni me habla de él ni me cuenta su vida, más bien quiere saber de mí a toda costa y eso, quieras que no, suena sospechoso. Y aunque intento desencajarme de la absurda conversación que mantenemos las dos en pose de "a ver quién es la mejor", ella siempre va sonsacando nuevos temas sobre el que discutir, ciertamente sobre política o sobre la ciudad en sí. De repente, exclamo que hay una urgencia y que me tengo que marchar. En vez de no recordar aquello, le sigo dando vueltas a la cabeza y no me deshago de la idea de tener una nueva amiga que ocasione problemas. Pero tengo suerte, y por lo visto no la he visto más en estos días.
Mientras, me habitúo a comprar zapatos de todas clases: de deporte, de salir, taconazos inmensos sobre los cuales tienes el riesgo de no permanecer viva, sandalias de verano e incluso botas de invierno. Paso por muchísimos escaparates y me suena su esplendor, su belleza, su visión sobre la ropa y tejidos imposibles de hacerlos manualmente. Así, gracias a mi perfecta escapatoria de recuerdos, los tiro a la basura, sin más y sigo con mi vida de soltera.
Justo cuando iba a empezar a acapararme en la vida de la sociedad neoyorquina, he conocido a un chico muy especial, y nuestra visión del romance ha surgido a primera vista, como yo había sospechado anteriormente. Ha sido gracias a mis urgencias del día: he cogido el metro como casi siempre, abarrotado de funcionarios y de niños hambrientos y deseosos de salir de aquel aparato mugriento y viejo, y después de estar allí como cinco minutos, me dirigí a trabajar como siempre y de pronto lo he visto aparecer tras la multitud y él me ha visto a mí. No soy muy habitual a ser partidaria de cuentos de hadas terminados en felices para siempre y besos de despedida, pero he de decir que este chico me ha hecho feliz con sólo mirarme y sentir que él también ha sentido algo por mí... tenemos conexión, esa pequeña puerta hacia la que podemos salir cuando queramos, e incluso me he atrevido a decirle que me ha dejado loca. Sincera, como yo soy, se ha dado cuenta de que tenía prisa, y no podía entretenerse, por lo que me dijo "ya te llamaré", después de apuntarme el teléfono móvil en la palma de mi mano. O. O, estaba puesto en mi mano. ¿O? ¿Cómo se llamaría realmente? Y tanta distracción hizo de mí una impuntual en el trabajo diario, pues lo podía observar todas las cálidas mañanas junto a mí en el puente, hablando de nuestras historias y nuestras incompletas vidas junto a recuerdos inhóspitos y malos, imposibles de describir cuando tienes a, seguramente, el amor de tu vida con esos ojos azules y la mirada increíblemente atractiva. Sí, la ciudad definitivamente me ha cambiado. Mi forma de mirar la vida, de mirar a las personas y todo lo que me definía, ha sido de mí como una manera de borrar... y afrontar mi futuro.
Hoy me he encontrado con la novia de mi ex-novio. ¿Tú qué harías? Claro que existen diversas posibilidades... puedes matar a la novia, y deshacerte de las pruebas, puedes probar a olvidarte de que existe y ni saludarla... pero mi caso es especial. Incluso YO me hago amiga de ella y solo con una mínima conversación a las diez de la mañana enfrente del Starbucks más cotizado de Manhattan. Y me hago con aires de chica buena, de la que va con intenciones malas en el fondo, y respondo con un hola al "buenos días, señorita" que me dice atentamente. Nada de lo que me suelta me suena familiar, ni me habla de él ni me cuenta su vida, más bien quiere saber de mí a toda costa y eso, quieras que no, suena sospechoso. Y aunque intento desencajarme de la absurda conversación que mantenemos las dos en pose de "a ver quién es la mejor", ella siempre va sonsacando nuevos temas sobre el que discutir, ciertamente sobre política o sobre la ciudad en sí. De repente, exclamo que hay una urgencia y que me tengo que marchar. En vez de no recordar aquello, le sigo dando vueltas a la cabeza y no me deshago de la idea de tener una nueva amiga que ocasione problemas. Pero tengo suerte, y por lo visto no la he visto más en estos días.
Mientras, me habitúo a comprar zapatos de todas clases: de deporte, de salir, taconazos inmensos sobre los cuales tienes el riesgo de no permanecer viva, sandalias de verano e incluso botas de invierno. Paso por muchísimos escaparates y me suena su esplendor, su belleza, su visión sobre la ropa y tejidos imposibles de hacerlos manualmente. Así, gracias a mi perfecta escapatoria de recuerdos, los tiro a la basura, sin más y sigo con mi vida de soltera.
Justo cuando iba a empezar a acapararme en la vida de la sociedad neoyorquina, he conocido a un chico muy especial, y nuestra visión del romance ha surgido a primera vista, como yo había sospechado anteriormente. Ha sido gracias a mis urgencias del día: he cogido el metro como casi siempre, abarrotado de funcionarios y de niños hambrientos y deseosos de salir de aquel aparato mugriento y viejo, y después de estar allí como cinco minutos, me dirigí a trabajar como siempre y de pronto lo he visto aparecer tras la multitud y él me ha visto a mí. No soy muy habitual a ser partidaria de cuentos de hadas terminados en felices para siempre y besos de despedida, pero he de decir que este chico me ha hecho feliz con sólo mirarme y sentir que él también ha sentido algo por mí... tenemos conexión, esa pequeña puerta hacia la que podemos salir cuando queramos, e incluso me he atrevido a decirle que me ha dejado loca. Sincera, como yo soy, se ha dado cuenta de que tenía prisa, y no podía entretenerse, por lo que me dijo "ya te llamaré", después de apuntarme el teléfono móvil en la palma de mi mano. O. O, estaba puesto en mi mano. ¿O? ¿Cómo se llamaría realmente? Y tanta distracción hizo de mí una impuntual en el trabajo diario, pues lo podía observar todas las cálidas mañanas junto a mí en el puente, hablando de nuestras historias y nuestras incompletas vidas junto a recuerdos inhóspitos y malos, imposibles de describir cuando tienes a, seguramente, el amor de tu vida con esos ojos azules y la mirada increíblemente atractiva. Sí, la ciudad definitivamente me ha cambiado. Mi forma de mirar la vida, de mirar a las personas y todo lo que me definía, ha sido de mí como una manera de borrar... y afrontar mi futuro.
Día 3.
Puta hipocresía. Las mañanas aquí son imposibles de pasar, pues todas me recuerdan al perfume del pasado, al dolor de mis entrañas y todo, por mudarme a un ático espectacular y con vistas, por el que 1 millón de personas matarían por conseguir. Es fácil pensar en cómo llegué aquí... lo más sencillo es pensar en que me gané la lotería o que me lo han dejado mis padres, pero todo esto me lo he ganado yo sola. Sola en mi camino por cambiar mi destino, el destino de convertirme en una sensiblera soltera de Arizona, una pobretona abogada con unos padres obsesos por la victoria y la justicia y con altas influencias por parte de ellos. Dinero ganándome la vida como periodista en el periódico New York Times, ganándome la vida sacando chuchos por la mañana y como camarera por las noches, y una visita al escritorio en la madrugada, estudiando sobre la tesis de la que llevaba escribiendo tres años y sobre la que me estaba obsesionando, más que mis propios progenitores. Y gracias a ese esfuerzo, a las gotas de sudor que caían sin cesar tras mis mejillas, podía comprobar que tendría dinero para ese fabuloso ático. Pasando página, me doy cuenta de cada recuerdo del pasado y de las flores del parque de aquel día y ¿sabes? el envejecimiento va cada día más avanzado, y no puedo hacer nada por evitarlo.
500 minutos junto a mi amado son suficientes para derrotar la relación de pareja, para reconocer que nuestro corazón es juntos lo que un perro es a un gato amigo, es decir, fractura irreconocible por parte de los dos. Quisiera recuperar el tiempo perdido, pero no me gusta la idea de volver a gritar en casa, de romper paredes con decibelios de personas enfurecidas, y con el espejismo de portazos sin vuelta atrás, a cada cual más duro y grueso. No espero ninguna reconciliación, no espero cada beso tuyo cada mañana, pero me encanta saber que nuestros años juntos han servido para hacerme más fuerte en ese mismo aspecto. Quiero decir... cada vez que pienso en ti, y en lo que pasamos a nuestro alrededor, mi mente se vuelve tuya y mi corazón, blanco porque no sabe qué hacer, si elegirte o despreciarte por cómo eres.
Sin embargo, la ciudad me ha vuelto diferente. Me he adaptado a vivir en un piso gigantesco y no en un cuchitril de cuarenta metros cuadrados justo a las afueras del pueblo y ni un baño decente dentro de él, me he adaptado porque siento que soy cosmopolita y no puedo resistirme a los zapatos en los bonitos escaparates, a los caros tejidos de vestidos de marca hechos en lugares exóticos y también he logrado recuperar el momento de ser yo misma trabajando e intentando olvidarme de los horribles recuerdos en mi pensamiento.
500 minutos junto a mi amado son suficientes para derrotar la relación de pareja, para reconocer que nuestro corazón es juntos lo que un perro es a un gato amigo, es decir, fractura irreconocible por parte de los dos. Quisiera recuperar el tiempo perdido, pero no me gusta la idea de volver a gritar en casa, de romper paredes con decibelios de personas enfurecidas, y con el espejismo de portazos sin vuelta atrás, a cada cual más duro y grueso. No espero ninguna reconciliación, no espero cada beso tuyo cada mañana, pero me encanta saber que nuestros años juntos han servido para hacerme más fuerte en ese mismo aspecto. Quiero decir... cada vez que pienso en ti, y en lo que pasamos a nuestro alrededor, mi mente se vuelve tuya y mi corazón, blanco porque no sabe qué hacer, si elegirte o despreciarte por cómo eres.
Sin embargo, la ciudad me ha vuelto diferente. Me he adaptado a vivir en un piso gigantesco y no en un cuchitril de cuarenta metros cuadrados justo a las afueras del pueblo y ni un baño decente dentro de él, me he adaptado porque siento que soy cosmopolita y no puedo resistirme a los zapatos en los bonitos escaparates, a los caros tejidos de vestidos de marca hechos en lugares exóticos y también he logrado recuperar el momento de ser yo misma trabajando e intentando olvidarme de los horribles recuerdos en mi pensamiento.
viernes, 16 de julio de 2010
Día 2.
Características. Eso es lo que define a mi más conocida ciudad. Hoy por la mañana, me despierto viendo un sol radiante, infinito de nuevas percepciones sobre el brillo y la luz. Me explico que el universo está repleto de muchas sorpresas, a cada cual más impresionante aún. Y las estrellas que adivino vienen por la noche, se acercan cada vez más a donde me encuentro, aunque lo hagan a miles de años luz. Las tiendas están cerradas, pues acostumbro a despertarme con el grito de bocinas y de carteros furiosos, de personas trabajando o de ambulancias con furia por urgencias difíciles. Adivino el olor a pan que procede de la panadería del vecino simpático y de su esposa, una señora preocupada por la capa de ozono. Han formado la mejor panadería que se podría imaginar. Y me imagino las tardes haciendo pan, con el calor procedente de los cristales reflejados en torno a las calles y haciendo honor de insultos desde coches, y pienso en si una pareja formada por dos personas realmente opuestas y con un trabajo aparentemente fácil pero complicado a la vez, pueden mantener su matrimonio a base de amor y cariño, y no de riñas y peleas. Pero ciertamente, éste sí que puede. Las entradas al edificio cogidos de la mano, la entrega de flores de mano del florista intruso hacia la señora, los besos en el ascensor, y la pasión de sus miradas lo dicen todo. Y no sé qué decir, si yo estaré alguna vez como ellos, casada, con hijos con carreras universitarias y trabajos que pagan las facturas, y con un amor existente a todas horas, todos los días. No paro de opinar acerca del amor a primera vista, y lo cierto es que es curioso, sí, es curioso el hecho de que dos personas desconocidas vayan por la calle haciendo sus cosas y se miren y ya con eso lo resuelven todo, hasta su vida. Sin embargo, yo no soy de esas personas. Yo, con mi increíble descripción del amor, no sé realmente qué es. Éste, es muy común donde yo vivo, todo el mundo disfruta de un acompañante, de un amante, de un/a famoso/a, de un marido o esposa, novio o novia... y parece ser que después de tanto tiempo, la chica que dice que el amor es una joya que no puede perderse, es la única que todavía no lo ha encontrado.
Día 1.
He pensado mucho en lo que dije acerca de la ciudad. Creo que me va a cambiar por completo el hecho de ser una nueva residente aquí. Y eso, ¿por qué? Te lo preguntarás así. Y tal vez sea porque el amor es muy diferente en ambos sitios. Normalmente, cuando suelo cambiar de pareja, sea buena o mala la separación, esa pareja la encuentro difícilmente, y aquí, en cambio, la alcanzaré tarde o temprano. En eso, recuerdo muchas cosas. Me acuerdo de la fabulosa Navidad del 99, con el tío perfecto, la familia perfecta, el piso perfecto y sólo nosotros, después de la fiesta de fin de año. En esos instantes me moría de ganas por saber cómo se sentía al ser desafortunado, sin tener todos los regalos como yo los había tenido, sin tener ese techo donde cobijarte, donde tener un maravilloso novio que te colma con todos los lujos existentes y sólo algo más, sin tener esa sensación extraña cuando te enamoras de alguien como él. Él, de quien hacemos fantásticos tópicos de cómo va a ser o como va a sobrevivir nuestra relación. Y no nos preocupamos solo del físico, también buscamos la magia de la persona que está siempre a nuestro lado, buscamos la joya de su corazón, la personalidad 10, el éxito como pareja, como amante, como enamorado.
Y en esos tópicos de pareja siempre existen los momentos de crisis, las rabietas de infantiles y locos novios, de las energúmenas de sus novias, y los pasillos repletos de portazos e insultos nada agradables y en eso, yo tengo también algo que ver. Él, de quien tanto había hablado, de quien tanto había querido y mostrado ser una de las mejores personas en mi vida, se había marchado para siempre y todo ello, con un suspiro y caricias de despedida, y un tal "adiós", reinaba en su silencio.
Cada vez que recuerdo estas simples historias, y a la vez tan complejas y difíciles de describir, me salen lágrimas en vez de palabras, sollozo con la voz de la mentira, con el regazo del dolor, y cuando me acuerdo, ya estoy escribiendo los recuerdos de una Navidad increíble y trágica. Al final, sospecho que la ciudad me va a venir bien para poder avanzar en esto del amor, porque todavía, soy una novata.
Y en esos tópicos de pareja siempre existen los momentos de crisis, las rabietas de infantiles y locos novios, de las energúmenas de sus novias, y los pasillos repletos de portazos e insultos nada agradables y en eso, yo tengo también algo que ver. Él, de quien tanto había hablado, de quien tanto había querido y mostrado ser una de las mejores personas en mi vida, se había marchado para siempre y todo ello, con un suspiro y caricias de despedida, y un tal "adiós", reinaba en su silencio.
Cada vez que recuerdo estas simples historias, y a la vez tan complejas y difíciles de describir, me salen lágrimas en vez de palabras, sollozo con la voz de la mentira, con el regazo del dolor, y cuando me acuerdo, ya estoy escribiendo los recuerdos de una Navidad increíble y trágica. Al final, sospecho que la ciudad me va a venir bien para poder avanzar en esto del amor, porque todavía, soy una novata.
Día O.
>Primer día de mi vida normal. He de decir que me ha sido difícil adaptarme a esto de vivir en un sitio repleto de gente y de coches, de bocinas y ruidos, de sonidos inalcanzables al decibelio humano. Pero si es cierto que esta ciudad me transmite cierta sensación de locura, de exclusivo sentimiento hacia ella. Quiero decir... cada vez que paso por el grandioso parque del centro, las flores me impiden pensar. Su tacto y su bello olor me atraen cuando paseo. Las gramíneas del fondo, las de al lado de la fuente, son perfectas. Se alinean formando un espesor parecido al viento, en el cual me sumerjo y no vuelvo a despertar. Sigo pensando que esta vida no es como la imaginábamos cuando éramos pequeños. Te despiertan sorpresas cada vez que creces, tienes nuevas ilusiones y las anteriores se convierten en meros recuerdos, rememorados en cenas de aniversario y/o fechas especiales, y lo mejor de todo es que las personas que componen nuestra vida son las que forman nuestra historia en el mundo, las que nos ayudan a distinguir lo bueno de lo malo, y las que nos aconsejan sobre cómo conseguir lo que nos propongamos. Y eso es lo que siento al pasar por cada parque. Sensaciones distintas me embargan en la ciudad, tanto buenas como malas, y la mudanza se ha convertido en una pesadilla. Cajetones gigantes preparados para desembolsarse, para usarse sólo una vez y luego ocupar la basura más cercana... y me preocupa, me preocupa no adaptarme y ser como animales de selva, que lo hacen a las condiciones del medio, sino ser una carga en este edificio o en cualquier lugar. Pero de momento sobrevivo, y sí, no busco otra cosa que ser yo misma en estos instantes.
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