viernes, 16 de julio de 2010
Día O.
>Primer día de mi vida normal. He de decir que me ha sido difícil adaptarme a esto de vivir en un sitio repleto de gente y de coches, de bocinas y ruidos, de sonidos inalcanzables al decibelio humano. Pero si es cierto que esta ciudad me transmite cierta sensación de locura, de exclusivo sentimiento hacia ella. Quiero decir... cada vez que paso por el grandioso parque del centro, las flores me impiden pensar. Su tacto y su bello olor me atraen cuando paseo. Las gramíneas del fondo, las de al lado de la fuente, son perfectas. Se alinean formando un espesor parecido al viento, en el cual me sumerjo y no vuelvo a despertar. Sigo pensando que esta vida no es como la imaginábamos cuando éramos pequeños. Te despiertan sorpresas cada vez que creces, tienes nuevas ilusiones y las anteriores se convierten en meros recuerdos, rememorados en cenas de aniversario y/o fechas especiales, y lo mejor de todo es que las personas que componen nuestra vida son las que forman nuestra historia en el mundo, las que nos ayudan a distinguir lo bueno de lo malo, y las que nos aconsejan sobre cómo conseguir lo que nos propongamos. Y eso es lo que siento al pasar por cada parque. Sensaciones distintas me embargan en la ciudad, tanto buenas como malas, y la mudanza se ha convertido en una pesadilla. Cajetones gigantes preparados para desembolsarse, para usarse sólo una vez y luego ocupar la basura más cercana... y me preocupa, me preocupa no adaptarme y ser como animales de selva, que lo hacen a las condiciones del medio, sino ser una carga en este edificio o en cualquier lugar. Pero de momento sobrevivo, y sí, no busco otra cosa que ser yo misma en estos instantes.
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